Blog independiente que aborda los Arcanos del S. XXI.

jueves, 24 de noviembre de 2011

20 años sin ti: A la memoria de Freddie Mercury (05/09/1946 - 24/11/1991)



Lloro por nada,
lloro por nadie,
solo por ti.


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Hace veinte años, en tal día como hoy, los telediarios de todo el mundo abrían su emisión con esta noticia:



Aquello no era posible. Si bien los rumores de que Freddie estaba enfermo de SIDA eran cada vez más numerosos y la poca o nula información que nos llegaba de él en los últimos años nos hacía sospechar,...aquello no podía ser posible. No estábamos hablando de alguien común, de un familiar, un conocido, un extraño...etc. Estábamos hablando de FREDDIE MERCURY, de la Reina del Rock, y las reinas no pueden ni deben morir. Toda mi infancia y adolescencia había tenido como telón de fondo su música. Cada instante decisivo de mi vida estaba marcado por la letra de alguna de sus canciones. Mil veces me había hecho sonreír y sobrellevar situaciones de otro modo insostenibles. Definitivamente...aquello no era posible.


Yo no sufrí en ese momento; aún sabiendo que era verdad, no me lo creí. Sencillamente maldije las palabras frías, huecas, neutras, moralizantes...con las que resumieron su vida en un minuto y medio. Pensé que Freddie se iba a cabrear y les iba a dedicar a todos esos payasos uno de sus gestos procaces, ejecutaría el ataque del Dragón y gritaría a pleno pulmón: déjame vivir. Después simplemente volvería a ponerse la corona para restablecer el orden sembrando el caos, para anarquizar el ambiente insuflándolo de vida. No sucedió así y comencé a ponerme nerviosa. ¿Nadie más al contemplar la mirada de Freddie veía toda la belleza que yo captaba de un solo golpe? Sí, Montserrat Caballé sí la vio, ella fue la única que transmitió calidez y humanidad en un momento en el que los fans necesitábamos consuelo; en parte, porque compartió momentos con él en el escenario tan emocionantes como éste. A Montserrat pues mi más profundo reconocimiento por ello. Nunca olvidaré tu gesto.

En fin, la muerte de Freddie cumple otra vez su aniversario y me apetece, siendo como eres uno de mis mayores ídolos, rendirte culto con un pequeño tributo que de objetivo no tiene nada. Y eso es lo más grande: tras tantos años en los que la lluvia ha seguido cayendo, Freddie sigue manteniendo intacta su capacidad de asombro, sigue epatándome cada vez que lo escucho o lo veo. Quizá eso es lo que define a un genio o quizá no; tampoco me importa demasiado la causa: disfruto con el efecto.


Estas palabras van por ti, Mr Bad Guy, espero que las oigas allá donde estás, en el regazo de los dioses, con una gran jarra de cerveza Heineken en una mano y un cigarrillo en la otra. Espero que hayas conocido a Maria Antonieta y deje que te pruebes sus joyas, como tú querías. Aunque creo que estarás en el Cielo y no en el Infierno, como era tu deseo, argumentando que habría mucha más gente interesante en éste último; después de todo, si tan aburrido era el Cielo, necesitaban a alguien como tú allí para darles caña. Y espero que te sigas riendo de todo mostrando esa imperfecta dentadura que tanto te acomplejó en la infancia y adolescencia, pero que transformaste en marca propia, luciéndola sin recato, impúdicamente, como a ti te gustaba. Te reíste hasta de tu propia risa, ¿verdad?

Supongo que habrá un piano por allá, y que te tendrán frito pidiéndote que interpretes una y otra vez tu Rapsodia Bohemia -más de 45 millones de visitas tiene este vídeo en Youtube. Estarás contento, ¿no?-...¿rapsodia bohemia? Todavía no he encontrado una canción que sea tan bella de pronunciar, ¿existen dos palabras más bellas para titular una obra o para definir una vida? Lo dudo mucho. Eso sí, esta vez sí estará realizado en el cielo todo aquello que compongas, aunque sea holgazaneando un domingo por la tarde. Tú ya sabrás el por qué los más grandes se van siempre antes. Espero que me lo expliques algún día y también por qué soy yo y no tú quien ahora estoy aquí.

Tu muerte nos ha dejado bajo presión. Cuánta razón tenías al proclamar en la corte que esta vida es dura. Nosotros estamos trabajando a golpe de martillo con la esperanza de ser algún día los protagonistas del vals del millonario, tomando caviar y cigarrillos. ¿Seguro que somos los campeones? Contigo sí lo éramos. A menudo soñamos, soñamos con alguien a quien amar como hacías tú, que tenías claro que esa pequeña tontería llamada amor, esas palabras de amor, son las únicas que pueden producir el milagro de sabernos vivos realmente.

¿Sabes que a veces tengo una visión? Te me apareces en sueños como un innuendo, juguetón, inapresable, grandísimo payaso constructor de fantasías; me dices: me estoy volviendo un poco loco pero soy feliz, por favor, no me pares ahora porque lo quiero todo, me susurras, y me invitas a jugar a este juego. Me seduces insistiendo en que necesitas mi amor esta noche intentando convencer a alguien ya convencido con todo tipo de tretas como el gran farsante que siempre has sido. Me llamas dulce dama, y yo tengo celos, celos porque sé que al final el beso definitivo no será para mí, te reservarás para el héroe, para él será un año de amor contigo. De todos modos siempre podremos bailar tú y yo, y el lenguaje del cuerpo te desvelará que me rompo, que, musicalmente hablando, eres el amor de mi vida y, a la vez, eres mi mejor amigo. Y, satisfecha tu soberbia, -porque de ésa tenías un rato, ¿eh, cabroncete?-, te volverás un hombre invisible sacándome del delirio. Pero yo seguiré suspirando por una cita en la playa a solas contigo.

Una vez te atreviste a llamar a la reina asesina, pero era de broma, para provocar...¡cómo te gustaba provocar! Sobre todo a los seres planos, acartonados, bien pensantes, políticamente correctos, cuadrados, hombres del traje gris que no huelen la belleza aunque la tengan a un centímetro de sus narices. A ésos les decías: que el otro muerda el polvo, declarándoles la guerra sin cuartel. Hoy en día no te hubiese bastado con el póster de la carrera de bicicletas, ya están muy vistos los desnudos. Pero algo tendrías pensado para alterarlos, por algo eras el dios de la irreverencia. Quiero liberarme contigo, Freddie, y escuchándote lo consigo, como si tú y yo fuésemos por momentos los príncipes del universo.

En mi defensa te diré que estoy viviendo por mi cuenta, como a ti te place, eso sí, en buena compañía. Y tengo muy presente que los amigos están con los amigos...siempre. Intento no tener nunca la impresión de oportunidad perdida, y aunque no estoy haciendo todo bien, tampoco tengo la sensación de que mi vida sea una sucesión de instantes muertos en el tiempo.

A diario escucho tu música y a diario me vuelvo a asombrar de que haya existido alguien como tú. En el escenario no había forma de pararte. Protagonizaste algunos momentos considerados por los críticos como los mejores en la historia de los conciertos en vivo, como éste, por poner un ejemplo. Te fundías con el público de un modo espectacular, bromeando con todos y haciéndolos participar. Todos muertos, todos muertos menos tú, así lo siento a veces. En cada canción pusiste un poco de magia, pero, ¿y nosotros? ¿te vamos a hacer temblar alguna vez? Espero que desde arriba sientas lo que millones sentimos por ti y consigamos hacerte temblar de emoción, aunque sea un poquito.

Por si no te habías dado cuenta, Freddie: TE AMO, o, mejor dicho: he nacido para amarte.

Y también te rindo tributo como a la reina que eres:



Freddie, nunca quisiste ser un inmortal; siempre tuviste clara la respuesta a la pregunta: ¿quién quiere vivir para siempre? No obstante, desde el punto de vista de la mayoría, te fuiste muy pronto dejándonos con el alma rota en mil pedazos y con el sabor agridulce de un último disco en el que nos dices adiós con diversos guiños en varias de tus canciones. Confieso que fui tan estúpida de no darme cuenta de que tu extrema delgadez, el exceso de maquillaje, las imágenes distorsionadas de algunos vídeos...eran la consecuencia del avanzado estado de tu enfermedad. Tras tu muerte sí me enteré que rodabas esos últimos vídeos llevando debajo de la ropa bolsas de agua caliente para mantenerte la temperatura corporal y un catéter en el hombro izquierdo para la medicacion intravenosa. Aún así, sonreías para todos nosotros, ni un ápice de rencor hacia nadie por parte de una persona como tú, que había asumido con serenidad su destino. En la canción, Estos son los días de nuestras vidas -que, por otro lado, constituye toda una declaración final sobre la vida- nos enviaste el mensaje de que todavía nos amabas...

...nosotros también, Freddie: GRACIAS POR EXISTIR.

Pero, no deseo finalizar con mal sabor de boca. Vamos a seguir tu último consejo: el espectáculo debe continuar porque, aunque tu maquillaje se esté descomponiendo, tu sonrisa siempre permanecerá. Sin embargo, como se nos hace tan duro continuar sin ti, permítenos una licencia, Freddie, déjanos soñar que nos reuniremos todos contigo otra vez y que volveremos a disfrutar de la Reina al completo, en todo su esplendor, con el maquillaje intacto luciendo mejor que nunca.

Comencemos a hacerlo realidad ahora: pongámonos los cascos, subamos a tope el volumen -no conseguiremos el efecto catártico si no es así-, y transportémonos de nuevo a este espacio donde ya se oye llegar a lo lejos el helicóptero privado del grupo Queen que retorna para que todos nosotros nos sintamos completos de nuevo:



Continuamos todos el concierto arriba, Freddie. Nos vemos muy pronto, ángel. Un beso.


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* Este homenaje es una versión revisada y mucho más completa del que escribí hace dos años aquí.

** He puesto los enlaces a las canciones e imágenes de distintos colores sin ningún tipo de orden para dar la sensación pomposa y recargada que tanto agradaba a Freddie Mercury.


viernes, 9 de septiembre de 2011

Hobbes y la hipótesis aniquilatoria

De Corpore
Thomas Hobbes es un filósofo recordado fundamentalmente por su obra Leviatán, donde hace una fundamentación de la monarquía absoluta, y por su famosa sentencia: homo homini lupus. Sin embargo, hay una vertiente poco explorada del pensador inglés pero sumamente interesante. Me refiero a la aportación a la ciencia que le llevó a eternas disputas de geometría con algunos miembros de la Royal Society a partir de su redacción del De Corpore.

Obviando la discusión generada a partir de esa obra por la cuadratura del círculo, vamos a centrarnos en la hipótesis aniquilatoria hobbesiana, por considerarla de mayor valor que las inacabables disputas entre el filósofo y el matemático John Wallis.

Para que el lector se centre, hay que observar, en primer lugar, la identificación que Hobbes establece entre Filosofía y Ciencia. En las primeras páginas del De Corpore presenta una definición reveladora de lo que es la Filosofía: "...Filosofía es el conocimiento por medio del recto razonamiento de los efectos o fenómenos en base al concepto de sus causas o generaciones, y aún de las generaciones posibles en base al conocimiento de sus efectos". Se prescinde, por tanto, de cualquier consideración de carácter metafísico. Cuando Hobbes habla de conocimiento habla de conocimiento de los fenómenos sensibles y al concepto de aquello que los causa. A partir de ese conocimiento es posible la predicción de los fenómenos futuros estableciendo así, las bases de la ciencia.

El filósofo ingles introduce un doble orden de conocimiento. Hace una distinción entre:

- Conocimiento originario o de hecho, referido a los conocimientos fácticos que están disponibles a los hombres merced a su capacidad de percibir. El universo en que se enmarcaría este discurso sería el de los cuerpos particulares sujetos de operaciones físicas determinadas por la legalidad mecanicista.

- Conocimiento científico o derivado. Este tipo de conocimiento quedaría revestido, a diferencia del anterior, de universalidad y carácter formal que caracteriza el saber propiamente científico.

La idea sería la siguiente: a partir de los datos obtenidos mediante los sentidos, se establece en último término la organización del conocimiento científico ya que estos materiales son recogidos por la memoria y filtrados por el aparato artificial y convencional del lenguaje. La mente humana construiría así un saber científico que siendo formalmente cierto, comunicaría un constante coeficiente de deformaciones a la realidad que debe reflejar merced a los materiales de la sensibilidad que comunica. La mente no podría conocer la naturaleza sino en la forma de objetos que sufren la deformación impuesta por la imperfección de la imaginación humana.

En este punto introduce Hobbes su hipótesis aniquilatoria que queda definida como una función metodológica del aniquilamiento del Universo a excepción de un hombre que conserva la memoria de las ideas o imágenes de los cuerpos y de los movimientos percibidos en presencia de ellos. Esta hipótesis no tendría connotaciones ontológicas ya que éstas habrían sido eliminadas en el conocimiento originario o de hecho en el que la realidad del mundo externo ha sido calificada en términos de cuerpos individuales que producen efectos particulares según ley o regla. Hobbes introduce esta hipótesis para el tratamiento del conocimiento derivativo o científico puesto que la hipótesis aniquilatoria nos enuncia las condiciones en las que el conocimiento científico se realiza con independencia de la realidad externa. La ciencia está formada por un conjunto de conocimientos que se realizan a través de la elaboración de imágenes, de esos fantasmas que conservamos en la memoria llamada a un sistema de operaciones y cálculos, al análisis de los contenidos de la sensibilidad, y a la articulación lingüística de los datos. El esquema hobbesiano de percepción externa en términos de una apariencia que no transciende el ámbito de la subjetividad es solidario con su filosofía mecanicista y materialista. El esquema de la imagen de las cosas externas como modalidad interna de la apariencia perceptiva fue ya utilizado en la construcción de la idea de espacio como imagen de la exterioridad abstracta. Hobbes elaboró así la idea de espacio imaginario como una suerte de instrumento metodológico para representar la extensión abstracta como sistema artificial de puntos, posiciones y lugares en relación a los cuales solo podemos considerar la cinemática de los objetos físicos. Esto es, como abstracción mediante la cual los cuerpos, despojados de accidentes y propiedades, se presentan como simples objetos externos. Fijado el espacio imaginario, puede pasar a describir el comportamiento cinemático de los objetos físicos. Hobbes conecta la idea de tiempo sobre la base del movimiento representado como adquisición de puntos distintos del espacio imaginario por parte de un cuerpo reintroducido tras la hipótesis aniquilatoria. También el tiempo aparecerá como sistema artificial de dimensiones realizados por la mente humana (obsérvese la diferencia de esta concepción con la desarrollada en la Estética Transcendental kantiana). Con esta concepción del espacio y del tiempo, Hobbes se enfrenta a las interpretaciones intuicionistas al afirmar que las grandezas espaciotemporales no son poseídas mediante la intuición sino mediante repetición de operaciones de cálculo. En este punto, Hobbes anuncia explícitamente la función central que va a tener en su filosofía la composición como instrumento de construcción de los parámetros del mundo físico. Mediante esta técnica se podrán reconstruir todos los cuadros teóricos de la metodología científica.

Espacio abstractoCon este módulo epistemológico, Hobbes consigue una doble definición: por un lado, enuncia el cuadro del determinismo universal de los fenómenos naturales; por otro lado, con el esquema del conocimiento científico o derivativo, modula un saber que, a través de la lógica y la lingüística de los datos perceptuales y un aparato de cálculo, construye una ciencia con criterio interior de validez. El aparato simbólico-calculístico del sistema queda en función de una interpretación del mundo en términos de comportamientos cinéticos de la materia. Las definiciones quedarían como dispositivo de instrumentos teóricos capaces de calcular todas las posibilidades de comportamiento de los procesos naturales.

Concluimos diciendo que Hobbes en su obra De Corpore estaba enunciando una metodología filosófica en la que rigor y certeza demostrativa no eran prerrogativas reservadas a la Matemática sino que podían ser generalizadas a cualquier universo de discurso dotado de grandeza espacio-temporal. Física, ciencias naturales, ética y filosofía civil podrían aspirar al mismo estatus epistémico de certeza demostrativa que la geometría.
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He utilizado la siguiente bibliografía para redactar este artículo:

- De Corpore: Pars Prima, Computatio sive Logica. Università degli Studi di Milano. Anno Académico 1959/60. Edizioni Universitaire La Goliardica.
- Gargani, Aldo G.: Hobbes e la scienza. Giulio Einaudi editore. Torino, 1971.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Laika

Andrea siempre quiso tener un perrito para poder jugar con él. Cuando contaba con seis o siete años sucedió que un día su padre llegó a casa sujetando entre sus brazos un cachorro hembra de color chocolate de grandes orejas, mirada triste y con aspecto totalmente desvalido. Laika era más o menos así:

Laika

Se la instaló en la terracita que tenía Andrea en casa pero le prohibieron dejarla pasar al piso; si quería jugar con ella tenía que salir afuera y, además, le dijeron a Andrea que no jugase con ella, que no le tomara mucho cariño porque si no sería peor (ella no entendía qué había de malo en tomarle cariño a Laika). Un día, aprovechando que su madre había ido a comprar, le abrió la puerta y Laika corrió por todo el piso meneando el rabito con fuerza. Por supuesto, enseguida hizo pis y demás en medio del pasillo. Andrea se esmeró en limpiarlo todo para que su madre no se diese cuenta de que Laika había campado a sus anchas por toda la casa.

Al cabo de unos meses, se llevaron a Laika a un jardín que era propiedad de la familia de Andrea situado en la parte de detrás de la finca. Andrea no podría ir a visitarla puesto que apenas le dejaban salir sola a la calle si no era para ir al colegio, pero entre sollozos cayó en la cuenta de que la perrita sería mucho más feliz en un jardín que en la terracita de su casa. Acompañó a su padre al jardín para despedirse y observó con horror cómo su padre le ponía a Laika una correa y ataba el extremo a un árbol. La correa no mediría más de dos metros. Laika se puso a llorar cuando vio que la iban a dejar allí pero ni el padre de Andrea ni mucho menos su madre parecían mínimamente afectados por hacer aquello. Andrea estaba como en estado de shock, no quería ni podía creer que estuviese sucediendo realmente aquello. Por las noches se imaginaba a Laika llorando atada al árbol y sentía ganas de morir al saberse impotente de hacer nada por solucionar la situación. Algún día - pensaba-, algún día te sacaré de ahí y nos iremos a pasear juntas y si no me dejan, algún día nos iremos a vivir tú y yo a una casa donde puedas corretear a tu gusto.

Un par de veces al año el padre de Andrea se iba a cazar y se llevaba a Laika con él. Cuando volvía, subía un momento al piso con ella y Andrea aprovechaba para abrazarla con fuerza y Laika temblaba de emoción, se ponía tan nerviosa que golpeaba con su rabito la pierna de la niña y, aunque le hacía daño, ella no se quejaba. Pero, al cabo de unos minutos, el padre arrastraba con fuerza a Laika fuera del piso para llevarla otra vez al árbol del jardín donde iba a pasar meses hasta poder volver a jugar con alguien y la perrita se resistía llorando, más bien aullando de desesperación. Andrea lloraba por dentro pero recordaba su promesa: Algún día, Laika, algún día.


Años después, una vez se le presentó a Andrea la ocasión de poder visitar durante un buen rato a su querida Laika. La perra tiene caparras -dijo una vez su madre- ¿tú te atreverías a quitárselas?  La niña no lo dudó ni un instante (tampoco sabía siquiera lo que eran las caparras ni cómo quitarlas), solo sabía que iba a poder estar con Laika y abrazarla. Fue al jardín sola por vez primera, antes de llegar Laika ya la había olido y se puso a ladrar como loca de alegría. Después de abrazarla y jugar unos minutos con ella, la tranquilizó un poco, y se puso a quitarle una especie de bichejos en forma de huevecitos que tenía adheridos al cuerpo, sobre todo en las orejas; después los tenía que aplastar con los dedos. La madre observaba desde lo alto de un balcón con una mezcla de asco y susto por si la perra (como ella la llamaba) mordía a Andrea. Por el contrario, Laika soportaba con resignación el proceso, varias veces le salió un hilillo de sangre de allí de donde extraía la niña la garrapata. Andrea se tomó su tiempo porque quería que quedase completamente limpia y porque deseaba estar lo máximo que pudiese junto a ella. Laika estaba muy quieta mirando con agradecimiento a Andrea y, de vez en cuando, le daba un enorme lametón en la cara, para satisfacción de la niña. Cuando acabó, le curó las heridas y le dijo: Algún día, Laika, algún día. Su madre la apremió para que volviese a casa y Andrea salió del jardín tapándose los oídos para no escuchar los ladridos de llanto y los intentos desesperados de Laika por zafarse de la correa sujeta al árbol e ir tras la niña.

Una tarde de otoño Andrea entró en casa y vio a su madre muy seria mirándola. Andrea preguntó qué pasaba y su madre le respondió secamente que la perra había muerto. La noche anterior, Laika había conseguido al fin romper la correa que la sujetaba al árbol, había saltado la verja del jardín y había dado la vuelta a la manzana hasta llegar al patio de la finca de Andrea. Una vecina vio a una perra color chocolate rascando con la patita en la puerta del patio y llorando en espera de que le abriesen. Laika vio que Andrea no respondía e intentó volver al jardín para esperarla allí, pero, al pasar por las vías...el tren hizo el resto.

Andrea tenía entonces doce años. No tuvo tiempo de cumplir su promesa y Laika decidió que ya había esperado bastante el: Algún día, algún día.

Cuando, años después, Andrea vio el final de la película Alguien voló sobre el nido del cuco, entendió que ella era el indio que algún día rompería la correa, saltaría la verja del jardín y que, esa vez, ningún tren podría detener a ... Laika.




jueves, 19 de mayo de 2011

Democracia Real y PSOE


Llegaron con caceroladas y con caceroladas se quieren despedir.

Era evidente sospecharlo. No era demasiado difícil averiguarlo. Los miembros y miembras del PSOE, ésos que durante estos últimos años nos han aporreado el cerebro a golpe de tambor, se aferran al poder como piojos al cabello. Viendo claro su inminente final, han querido obsequiarnos con un nuevo presente: Democracia real.

¿Democracia real? La democracia real es la que va a ejercer cada ciudadano el próximo día 22 de mayo depositando su voto libremente en la urna. La democracia, la bendita democracia, consiste en acatar la voluntad general de un pueblo vaya o no en consonancia con nuestra particular ideología. Cuántos ciudadanos han aguantado con un rechinar de dientes tanto y tanto mal que se ha desparramado como una lacra maldita sobre nuestro país en este pasado reciente.

A buenas horas mangas verdes es lo que les espetaría en la cara a esos mal disimulados sociatas que se ocultan bajo el velo de Democracia Real. La hora de las manifestaciones ha pasado: los sindicatos han hecho el más absoluto de los ridículos -cosa del todo habitual en ellos- no haciendo salir a los trabajadores a la calle hace años y con la cabeza bien alta, sino a última hora y medio pactado con el PSOE con sobre millonario de por medio para seguir sosteniendo a los parásitos liberados que pululan por vuestras sedes; los intelectualoides ya no tienen el valor de salir haciendo el gesto de la ceja pero tampoco tienen la vergüenza de manifestarse en contra de la guerra: a Gadafi sí, a Hussein no; qué poco se oyó resonar el lamento de vuestros cínicos labios contra el asesinato de Bin Laden, vosotros, los que acusáis todos los días a EEUU por estar a favor de la pena de muerte no movísteis un dedo para mostrar a los jóvenes, a esos para quienes algunos sois ejemplo y modelo a seguir que el asesinato es algo intrínsecamente malo independientemente de a quién y en qué circunstancias se aplique; engordáis como cerdos a costa de la SGAE, de la Ley Sinde y de tantas excrecencias de las que somos ignorantes el resto y, encima, os presentáis como paradigma de la cultura: paradigma de la caradura más bien. Y, por último, los politicuchos que ven peligrar su trasero de funcionario acomodado y pretenden reventar una vez más la verdadera democracia real.

Pensáis que nosotros, el pueblo, somos tan ignorantes que vamos a caer en la trampa una vez más. Creéis que poniendo un poco de dinero, utilizando de manera torticera las redes sociales (ya queda pequeño el sms con su: Pásalo) y haciendo uso de almas jóvenes y limpias que no entienden, porque no conocen todavía la malignidad, que alguien pueda manipularlos de una manera tan bastarda, vais a saliros con la vuestra. Lo lamento -dicho con toda la ironía del mundo-, pero esta vez la suerte está echada.

¿A lo mejor pensábais simular un nuevo mayo del 68? Quizá algún miembro o miembra de entre vosotros ose imaginar siquiera tener la mente lúcida de un Jean Paul Sartre o una Simone de Beauvoir. No me hagáis reír de lástima, por favor. La diferencia -aparte de la ya mencionada disparidad del coeficiente intelectual- estriba en que aquéllos creían realmente lo que hacían, y hacían crítica de la democracia para encontrar algo mejor; vosotros fingís hacer crítica de la democracia porque no sois lo suficientemente demócratas como para aceptar, acatar, respetar, aguantar el hecho de que vuestros días en el poder están contados. Pero el que vosotros no queráis o no podáis asumirlo no va a cambiar el resultado.

Cualquiera que se moleste unos minutos en 'rascar' un poco lo que hay detrás de estas artificiales manifestaciones haciendo uso del sentido común encontrará respuestas: la imagen de Willy Toledo en medio de los manifestantes ya nos da la primera pista:

Willy Toledo en las manifestaciones de Democracia Real


Y hoy, facebook y twitter arden tras la información que nos revela esta imagen:

Democracia Real PSOE: algo huele a podrido en Dinamarca
Desgraciadamente para vosotros, las redes sociales están al alcance de todos, con una diferencia: algunos las usan para el bien común, no para adulterar la democracia.

Gritad y patalead. Pero los ciudadanos, el veintidós de mayo, vamos a ir a votar.





domingo, 8 de mayo de 2011

Archivo de texto: una historia cualquiera

Iluminando la oscuridad

Todas las personas seguimos un camino, el camino que guía nuestra vida. Sin embargo, hay personas que viven una existencia plagada de historias porque el camino que han elegido asemeja a la propia naturaleza: mudable, caótica, alterable, y, al mismo tiempo, sabiamente armónica, regida por leyes inmutables y constantes. Algunos caminos son más interesantes que otros: caminos repletos de sentimientos, de relaciones, de rebeliones...La historia que marcó mi vida es una de tantas, una pequeña gota en este inmenso río inestable al que llamamos mundo. Pero, es precisamente ese devenir incierto, cambiante, el que hace que nos aferremos a aquellos instantes en los que creemos dominar la situación, a esos momentos que desearíamos congelar, mantener, cincelar. Personalmente no conozco un modo mejor de inmortalizar un instante que transformándolo en literatura. La historia que quiero retratar aquí es la historia de un camino, es mi historia.

Hubo un tiempo en que pensaba que el destino había querido para mí una vida excepcionalmente azarosa. La causa de mi existencia radicaba en la casualidad. Hoy sé que esto no es cierto, aunque...tampoco sé mucho más.


El espectáculo había concluido. Tras serme arrancado el corazón de cuajo, sentí que carecía de una noción real del mundo exterior. Mis ojos ya no veían más que tinieblas, mis oídos se habían cerrado a la música, mi paladar degustaba tierra, mi olfato percibía el hastío y mis manos solo lograban rozar la nada. Me daba la impresión de que era la protagonista de una pesadilla, una pesadilla que no había elegido sino que me había sido impuesta de un modo atroz  y gratuito. Caminaba por la acera y era consciente, a cada paso que daba, de que las personas continuaban haciendo su vida como si nada hubiese sucedido: las mismas risotadas estúpidas, las mismas riñas estériles, las mismas frases soeces, la superficialidad generalizada. Echando un vistazo alrededor deseaba con todas mis fuerzas que se abriese la tierra y engullese a todo el mundo sin piedad, que el universo estallase en mil pedazos para quedarme a solas yo y mi sufrimiento; de ese modo mi sufrimiento adquiriría la dimensión que merecía, no sería menospreciado ni ninguneado ni relativizado porque...cuando lo que has perdido es la belleza misma, el que alguien intente aliviar el sufrimiento que esa pérdida te ha ocasionado implica insultar la causa misma de tu sufrimiento. Mil veces hubiese preferido inflarme con él y reventar para quedar unida a él que permitir que me lo diluyesen y acabase siendo solo un hecho más de mi vida.

El resto de la gente tendría sus problemas, tal vez más trágicos y penosos que los míos. Yo simplemente había sufrido una pérdida, pero esa pérdida estaba tan ligada a mí que también me había perdido yo misma. De tal manera lo sentía así, que no acertaba a comprender si lloraba la pérdida por lo perdido en sí o porque con ello me había perdido yo también y estaba condenada a vagar en este mundo como un fantasma. Supongo que lo corriente en estas situaciones es enfadarse con Dios; en mi caso fue distinto, yo no creía en Dios, por tanto, ¿cómo enfadarme con Él? Solo restaba enfadarse con el azar y la nada, pero, ¿es posible acuchillar esto?

La Nada

Y, como ya no podía mirar más al rostro de las personas, me acostumbré a elevar la mirada al cielo, a contemplar las estrellas, pues de alguna manera te presentía más allí que aquí; tú ya estabas allí, y contigo y en ti, una parte de mí lo estaba también.

Lo que antaño se me antojaba duro y desesperante era entonces aliviador: nada existía que me atase sustancialmente al resto del mundo. Ello conllevaba una cierta liberación personal y, a la vez, una mueca cínica a exhibir perpetuamente como marca propia. Un soñar, un vivir y un amar como si no estuviese por entero en mí misma; como si mi alma pugnase continuamente por salir de mi cuerpo al no encontrarse ya del todo completa en él.

Sigo caminando y pienso que yo también moriré. Tendré unas cuantas flores y quizá unas lágrimas desperdiciadas en el tiempo servirán para que un puñado de gente descubra que sus venas vuelven a hincharse de sangre más espesa, que la adrenalina juguetea por los rincones del organismo y escapa a presión hacia el cerebro donde las neuronas se ponen a trabajar frenéticamente agilizando su cometido. Su mente se sentirá más despierta que nunca y, al mismo tiempo, les parecerá como drogada. Lo llaman shock, y se trata de otro tipo de éxtasis, puede que el único valioso ya que nos iguala a todos al hundir sus raíces en la fisiología de la persona y no en especulaciones gratuitas producto de la imaginación, inteligencia y formación de cada individuo.

Y caminando medio drogada medio lúcida, llego hasta aquí, al año 2011, donde Internet facilita el compartir algo más importante que los conceptos, algo que incluso está por encima de los sentimientos...Internet permite desnudar el alma sin sentir demasiada incomodidad. Decía Nietzsche que si el animal humano pudiese contemplarse tal y como es, no soportaría la visión quedando horrorizado ante tanta fealdad y monstruosidad. Seguramente conmigo acierte, pero también sé que un ángel vivió entre nosotros durante treinta y ocho años, un ángel en la oscuridad que iluminaba mi existencia.

Un ángel en la oscuridad


Y él, más que nadie, merece esta Bala de Belleza que espero os impacte directamente en el alma:



Cuando te leí esta poesía, me miraste y tus ojos se humedecieron. Quizá entonces ya sabías que el protagonista de la elegía serías tú y que yo iba a ser aquella persona que te la recitase el resto de mis días como una oración para ti.


Ojalá volvamos a vernos, vida mía.


viernes, 29 de abril de 2011

Psicoanálisis y Revisionismo a la luz de Theodor Adorno.

Bueno, ya estoy aquí con fuerzas renovadas.

Roma bien. La considero una ciudad perfecta para ver, pero, en mi opinión, insulsa para vivir. Por lo que sea, no ha despertado en mí ningún sentimiento de empatía; pienso que no conectaría con el modus vivendi de sus gentes. Es curioso, otras ciudades que he visitado me han despertado fuertes deseos de arraigo. Cuando estuve en Londres, por ejemplo, quería...necesitaba  quedarme allí, comunicarme con la 'fauna' del lugar; me apetecía ponerme a bailar y saltar por las calles. Si tuviese veinte años, metería un par de libros y un par de sueters en mi mochila y acamparía indefinidamente en medio de Picadilly circus.

De Roma me interesa el continente, no el contenido. Aunque puede ser una impresión equivocada, quién sabe.

Theodor AdornoComo suele ocurrir cuando paseo por un sitio y no siento conexión con los nativos, pronto mi mente comenzó a divagar y, aprovechando que el Tíber pasa por Roma, me encontré en el interior del Coloseo meditando sobre el psicoanálisis (idea que vino a raíz de pensar en el narcisismo) mientras un montón de turistas hacían fotos entusiasmados recordando la película Gladiator.

Esa meditación continuó su lógico desarrollo y días después me hallaba sumida en ella mientras descansaba un momento en las escaleras de una de esas preciosas Iglesias de las que Roma puede sentirse orgullosa. Me preguntaba qué oscuros motivos podían haber llevado a menoscabar a Freud y su escuela intentando un reduccionismo del tipo sociológico. Recordé que había leido algo interesante sobre esta cuestión en la obra de Theodor Adorno y he aprovechado estos últimos días para repasar someramente algunas frases subrayadas en un par de libros de este autor: Minima Moralia y Sociológica , cuya lectura aconsejo a todo aquél interesado en el tema.

La idea general que me inquieta -entrar en detalles sería demasiado pretencioso para un artículo- es el afán mostrado por la revisionista del psicoanálisis Karen Horney de introducir a toda costa los elementos sociales en la teoría psicoanalista para poder entender mejor al individuo amparándose en que el narcisismo, masoquismo...etc. son productos de la sociedad y el medio no menos que algo que condiciona a estos. Pero, como muy bien explica Adorno, la reflexión revisionista adolece de dos problemas importantes:

1º.- El metodológico. La teoría de los revisionistas está basada en una serie de categorías que ellos suponen que explican la totalidad social. Categorías que no han sido demostradas sino que son aplicadas a priori a la realidad pretendiendo dar una visión global de ella. Horney, por ejemplo, llega a afirmar que el carácter del individuo no está tanto determinado por los conflictos sexuales como por la presión cultural, mientras que Adorno afirma que eliminando del psicoanálisis fenómenos determinantes como el miedo a la castración se está castrando al psicoanalismo mismo. ¿Y de qué categorías nos habla Horney? Pues la fundamental sería -en consonancia con Hobbes- la de la competencia. No obstante, estudios de Eric Fromm han resaltado que en las sociedades liberales la competencia no es la ley con respecto a la cual todo funciona sino que más bien tendríamos que buscar la unidad de la sociedad en base al miedo de la amenaza y la violencia corporal. Precisamente Freud tenía siempre presente este rasgo, el de la violencia encarnada en el individuo. La diferencia entonces entre revisionistas y psicoanalistas radicaría en que los primeros introducen categorías para sociologizar el psicoanálisis mientras que Freud captaría en formas concretas la presión de la sociedad sobre el individuo.

Por ello, el método utilizado por los revisionistas sería incorrecto puesto que en vez de desgajar al individuo de los procesos sociales y, posteriormente, describir la influencia conformadora de estos, lo que se intentaría es descubrir en los mecanismos más íntimos de cada individuo singular las fuerzas sociales determinantes. De estas manera se sociologiza extremadamente el psicoanálisis  concluyendo que los fenómenos  que exigen explicación psicológica serán reintroducidos como principios explicativos y superficializados en cosas obvias dando lugar a la degradación del psicoanálisis y, consecuentemente, a la degradación del propio individuo.

2º.- También logra Adorno dar con lo que hay de ideológico enmascarado en las pretensiones supuestamente neutrales de los revisionistas. Los elementos de la revisión freudiana nos llevarían a un conformismo social traducido en una pasividad del individuo y de la misma sociedad liberal para hacer frente a las patologías creadas por la misma. De este modo la sociedad burguesa se apropia del psicoanálisis para su propia supervivencia. Los revisionistas le hacen el juego al poder y no renuncian a presentar una imagen totalmente armónica de lo social mientras que Freud concluía su obra dando a entender la imposibilidad de construir un sistema allí donde las cosas se revelan desgarradas, esto es, en la misma realidad del sujeto social. Adorno es muy clarito cuando afirma que los revisionistas hacen del análisis del inconsciente parte de la cultura de masas industrializada y de un instrumento de esclarecimiento como es el psicoanálisis, uno de la apariencia según el cual la sociedad y el individuo, la acomodación a la realidad todopoderosa y la dicha coinciden.

Freud fue muy ingenuo al aceptar la estructuración monadológica de la sociedad y, en este sentido, yerra. Pero los revisionistas, que tienen en cuenta los factores determinantes de la sociedad, lo que hacen es superar lo negativo al tratar las relaciones inhumanas como si ya fuesen humanas. Y esto es muy grave. Por otro lado, la propuesta de Horney lleva consigo también la anulación del verdadero yo, de la verdadera individualidad, ya que desecha el pasado (la infancia freudiana) como instrumento del psicoanálisis. Se trataría de eliminar todo cuanto exceda de la presencia inmediata, y con ello cuanto constituye el yo. En la nueva psicología se reflejaría lo que la organización de la sociedad burguesa hizo desde siempre con la propiedad exterior: desarrollarla como resultado del intercambio social.

La psicología repetiría con las cualidades lo acontecido con la propiedad: expropiar al individuo al concederle su clase de felicidad.

martes, 12 de abril de 2011

Viaje a Roma

Estaré toda la semana en Roma.

Ardo en deseos de conocer los lugares más bellos de la capital de la religión islámica.

Nada más llegar pienso ir directa a visitar el Campo dei Fiori y depositar una rosa bajo la estatua de San Pablo -pilar de la Iglesia, por si alguien no lo sabía-.:



Por supuesto, no puedo perderme las exquisiteces de la Ciudad del Vaticano:




Y la torre más famosa de Roma:



Tranquilos, la segunda torre más famosa también la veré:




Degustaré la comida típica del lugar:




Y me perderé extasiada contemplando el arte romano:




Eso sí, alguna tarde aprovecharé para ver a fondo el Coliseo:




Me lo voy a pasar pipa.

Y no, no se me ha olvidado. Por supuesto, saludaré al Papa:






 Como dicen por allí:  до свидания (do svidaniya)

sábado, 2 de abril de 2011

Imagenes

“Noche

Moverse en la noche eterna significa renunciar a todo propósito y acción; a toda pasión y voluntad.




“ImagenesEl ritual de la imaginación me excita. Me hace sentir viva. Cuando 
apago la luz del entendimiento y me dejo llevar por la luz de la intuición las imágenes se vuelven nítidas. En este ritual dominan los espíritus que rigen la dinámica de lo cotidiano. Los espíritus elementales que se adentran en nuestra conciencia y recaban información de todo aquello que no queremos recordar. Esas imágenes deformes que nutren a nuestro yo, lo estrangulan con su mordaza y, a la vez, quedan totalmente prohibidos a la razón. Esas imágenes que tejen entre ellas pensamientos ocultos que nadie quiere revelar al mundo porque serían demasiado perversos para su asimilación.






“Espiral 
Miles de imágenes acumuladas durante años luchan entre sí para salir a flote. ¿Qué grupo de imágenes serán las escogidas esta vez? ¿Serán hermosas? ¿Me llenarán de paz o de ira? Exprimirán las últimas gotas de humanidad que poseo y me invadirá el deseo de no hacer nada, no actuar, inmovilizar mi conciencia ante el otro de tal forma que la gente pase por mi lado sin sentir nada, que crean que soy una especie de vegetal animado y yo crea que los demás no poseen un ápice de inteligencia y que más les valdría estar muertos a vagar por ahí disfrazados de personas carentes de alma, de capacidad racional para averiguar el sentido del devenir. 




“Imagenes
Las imágenes son peligrosas, son atrayentes, absorben mi conciencia y estallan expandiéndose por todo mi cuerpo y ocupándolo, lamiéndolo por dentro hasta salir a flote cosquilleando cada poro de mi ser en una experiencia casi mística. Las imágenes me acompañan siempre durante las jornadas en las que no logro vencer a mi cuerpo fatigado y un algo más fuerte que yo pero que forma parte de mí se comprime, se dilata, juega y se divierte con mi debilidad.





“Poder
Las imágenes de personas que influyen en mi vida, y también las que mi razón pensaba que no lo hacían pero lo hacen...se ríen de mí, lloran conmigo, se desenmascaran ofreciendo rostros nuevos, rostros más reales, danzan a mi alrededor de manera tribal, me susurran cosas horribles al oído, mis tímpanos estallan no soportando la presión. Entonces actúan de otro modo: blandamente se instalan en zonas de mi cuerpo, todo mi organismo siente, siento el corazón y los pulmones hinchados por la influencia de personas que quiero y que detesto. Les deseo la muerte y la vida, las destrozo y las apaño sabiendo que al día siguiente van a volver, permanecerán siempre conmigo y yo no seré definible sin ellas.


  
Las imágenes tienen una fuerza decisiva en mi conciencia: MI CONCIENCIA SON ESAS IMÁGENES.

martes, 29 de marzo de 2011

La Otreidad. (El día que Nietzsche lloró).



A veces adivino entre las personas ese afán de comunicación. Bastan unas simples copas (en el mejor de los casos) para que la gente se muestre más abierta, más tierna, con ganas de abrirse a sí mismos ante los demás. Son momentos densos en los cuales crees descubrir de verdad la verdad del otro; crees que el otro no es un extranjero sino un amigo, un 'prójimo'; crees que si estrecha tu mano conservarás la caricia permanentemente en tu corazón como algo certero; crees que la otreidad no existe sino que fue un truco de magia inventado por un ser maligno para hacernos daño. Son momentos perfectos como lo es el firmamento plagado de estrellas, el color del vino tinto añejo o el olor de un libro antiguo.


Pero también son momentos fallidos. Las primeras veces que tienes esa sensación piensas que realmente vas a lograr establecer contacto con el mundo exterior, con los llamados tus 'semejantes', tus 'prójimos'. Inocencia, ingenuidad o tal vez necesidad. Lo cierto es que a medida que maduras te das cuenta de que esos momentos no son reales, es decir, son reales, se dan de facto, pero no son verdaderos, o quizá son los únicos momentos verdaderos que tienes con los demás y debes aferrarte a ellos como un bebé se aferra al  pecho de su madre intuyendo que tras el período de lactante solo resta el vacío, el dolor, el desgarro y la desesperanza.


Esos momentos no llevan a ningún sitio. Al día siguiente despertarás y habrá pasado la resaca física o anímica. Te reunirás con la misma gente y te sentirás incómodo y disimularás esa incomodidad con una sonrisa boba y unas frases banales. Pero la magia de sentirte amigo y amado habrá desaparecido como la lluvia fina que humedece agradablemente el cuerpo pero se seca casi al instante y da paso de nuevo al sudor frío.


Decía Nietzsche que los verdaderos amigos son aquellos que te dejan solo en las adversidades y acuden a ti en los momentos felices porque ello te hace más fuerte, y los amigos, si lo son de verdad, solo desean tu bien, tu superación. Quizá tenga razón y quizá no, en cualquier caso, es la reflexión de un hombre que fue traicionado sistemáticamente por los pocos amigos que tuvo.


Demasiado inteligente, demasiado sensible. Mala combinación para creer en el otro, en el 'prójimo'; nefasta combinación para encontrar la felicidad; fatídica combinación para vivir...para sobrevivir.







lunes, 28 de marzo de 2011

Husserl y el problema de la Historia

“Husserl,

Durante mucho tiempo se le ha achacado a Edmund Husserl una serie de contradicciones en su relación con la Historia. Considero que no hay razones suficientes para hablar de estas supuestas contradicciones sino que más bien responden a un proceso de maduración interno. No obstante, conviene dilucidar, dentro de la problemática que plantea la fenomenología de Husserl, su posición en torno a la Historia.

Husserl no se muestra contrario a una versión historicista de la Filosofía, no niega el valor que ésta tenga, pero en su idea de hacer de la Filosofía una ciencia rigurosa no puede admitir un tratamiento que carezca de la necesidad y universalidad de las objetividades que sí sería viable mediante un método de la reducción fenomenológica.

Mientras que en su obra La Filosofía como ciencia rigurosa, Husserl atacaba el historicismo y el psicologismo, en Las Meditaciones Cartesianas y en La Crisis de las ciencias europeas, introduce importantes novedades. La causa principal de este cambio es que anteriormente su reflexión atendía principalmente a problemas epistemológicos tomando como inicio el mundo circundante en el cual lo importante es la índole espacio-temporal de las experiencias, dejando fuera la influencia que podía haber ejercido sobre este mundo el acaecer histórico, cultural y científico. Pero, sin embargo, deja caer que las experiencias que constituyen el mundo circundante se nos hacen presentes siempre bajo un revestimiento de elementos conceptuales y axiológicos que se han formado en virtud de nuestra conducta cognoscitiva y práctica. Esto es importante porque, aunque la situación cambia cuando atiende al mundo de la vida concreto que, como tal, aventaja al mundo circundante como punto de partida de la investigación fenomenológica, la advertencia hecha anteriormente de que los objetos que allí se encontraban poseían un valor práctico se amplía considerablemente al considerarlo como un mundo vivido en diferentes culturas y que registra en cada caso las modalidades valorativas de toda suerte con que esas culturas experimentan las cosas dentro de actitudes estéticas, religiosas...etc. Es decir, tomando el mundo de la vida concreto como punto de partida, la fenomenología debe conjugar a los diversos grupos humanos que conviven en un mismo universo.

Desde esta perspectiva se puede afirmar sin complicación que el mundo de la vida concreto que aparece tardíamente en Husserl, se presenta como hilo conductor de sus pesquisas, como punto de partida y no como resultado final de sus investigaciones. Husserl hace frente ahora a algo que ya temía pero que no había integrado en un primer momento en su fenomenología ya que este mundo de la vida concreto pertenece a un ámbito cultural, el de los sujetos que lo viven en un determinado momento histórico y, además, está formado por situaciones objetivas que llevan incorporado el talante histórico de su formación. Ello implica la introducción de un nuevo elemento en la metodología fenomenológica dada su manifiesta historicidad.

Con ello, Husserl refuerza y da mayor validez a su reflexión pero tropieza con un nuevo obstáculo: el problema del apriorismo. Supongo que no se le escaparía en ningún momento la relación apriorismo/Historia y las importantes consecuencias que se derivarían al integrar ambos elementos de una forma u otra. Para él, el 'a priori' queda definido como validez universal y necesaria y, en este estado de cosas, podría verse reducido a un suceso enmarcado en unas determinadas coordenadas históricas con lo cual dejaría de tener ese carácter universal y necesario. Es más, Husserl está afirmando con la incorporación del mundo de la vida concreto, el que cualquier reducción fenomenológica deriva de este mundo del que forma parte el fenomenólogo que intenta dicha reducción. Como afirma en La Crisis de las ciencias europeas: 'La filosofía como ciencia, como ciencia seria, estricta, más aún, como ciencia apodíctica: el sueño se ha terminado'. Aquí se puede ver perfectamente como la fundamentación histórica del camino que se debe seguir enlaza  con el abandono de la idea directriz de la ciencia apodíctica. El significado de tal evolución se explica -según la interpretación de Landgrebe-, en que dicha fundamentación histórica ya no puede ser una fundamentación apodíctica en el antiguo sentido, es decir, derivada de verdades eternas y de necesidades racionales, antes bien, se trataría de una fundamentación en un factum histórico y en la posibilidad de decisión del filósofo a aceptar y empuñar la posibilidad ofrecida en tal factum. La fundamentación es absoluta en el sentido de un enfrentamiento ante la insuperable facticidad que solo puede aceptarse, es perentoria en cuanto la resolución a aceptar 'así debe ser' involucra la terminación de las ponderaciones y es por ello definitiva. Tan solo éste puede ser ahora el sentido de una fundamentación absoluta, luego que el ideal de su apodicticidad se ha demostrado como imposible de cumplir..

“HistoriaHay un dato más no carente de importancia, y es el hecho de que el empirismo y el positivismo son compañeros permanentes de la metafísica a la que Husserl se refiere de continuo. Esto trae consigo las consecuencias escépticas que siempre se hacen patentes en los autores que integran dichas corrientes. Si bien esto es cierto, creo que el problema de la Historia en Husserl se hace más inteligible atendiendo a un supuesto relativismo.  Con la irrupción del mundo de la vida concreto ya no se hace del todo viable una concepción absolutista de los principios a priori, pero si descartamos esa concepción y hacemos hincapié en la propia definición que da Husserl de validez universal y necesaria podemos seguir adelante en el camino de la fenomenología aceptando, eso sí, una cierta relatividad al 'a priori' en el sentido de que la validez de lo que se pretende apriorístico es relativo al momento histórico en que se vive el mundo concreto que constituye el horizonte de su formulación.

Pienso que a Husserl no le importó no le importó insinuar esa relatividad desde el momento en que consintió sacrificar ese carácter absoluto que parecían tener los principios a priori y esa Filosofía como ciencia rigurosa. Esto es, en sus últimas obras pareció disuadirle más la idea de una fenomenología que englobase elementos históricos. Tal vez se dio cuenta de las estrecheces que suponía tomar como punto de partida ese mundo circundante y optó por el mundo de la vida concreto.

Husserl pretendía, a mi entender, idear un método al estilo kantiano de La Crítica de la Razón Pura, (lo digo en el sentido de hallar unos parámetros mediante los cuales controlar y ordenar todas nuestras ideas y experiencias). Y, en esta etapa, la historia más bien le molestaba por no enmarcarse en esos parámetros, aunque no por ello la dejara de lado, sino que anhelaba hallar esos principios mediante los cuales podría integrarse sin dificultad. Con el paso del tiempo se hizo consciente de la imposibilidad de dilucidar dichos principios y asumió con todos los riesgos que ello implicase la irrupción del mundo de la vida concreto pudiendo así incorporar el matiz histórico en su reflexión.


martes, 22 de marzo de 2011

El Valor de lo Bello

La Primavera de Monet
La Estética del S.XXI aparece circunscrita en un horizonte de objetivos mínimos en el que no se busca la aprehensión de los valores fundamentales.

Este fenómeno, que se ha extendido a otras parcelas de la Filosofía -especialmente a la Ética-, responde a una actitud de desdén hacia las grandes concepciones dogmáticas de antaño. Si bien es cierto que estas concepciones adolecen de un carácter refractario y unilateral, no por ello debemos desechar ciertos elementos presentes en ellas.

Es por ello que la visión estética de Nicolai Hartmann constituye un soplo de aire fresco en tanto en cuanto se centra en abordar algo rechazado por la mayoría, a saber, lo bello, sin pretender por este motivo limitar su ámbito de conocimiento. Su definición de Filosofía como el estudio de aquellas cuestiones que no pueden resolverse totalmente y por ello son perennes nos da una idea de su carácter antidogmático y de su pretensión de alcanzar limitados pero sólidos conocimientos.

Para Hartmann los objetos de la Estética son dos: la actitud de entrega y éxtasis del contemplador y aquello a lo que se dirige: lo bello.
                 
Si nos detenemos un momento a reflexionar vemos que aparece del todo fundamental lo bello en ambos. El objeto estético es portador del valor de lo bello y, además, el sujeto que está en actitud contemplativa dirige su mirada hacia el objeto, pero no como contemplaría cualquier otro objeto sino como objeto específico que posee esos valores de lo bello. 

Y, ¿de qué manera la belleza está adherida a los objetos estéticos? En cada objeto lo bello se adhiere de forma especial, pero no en cuanto modalidades ónticas independientes de la forma de ser y de la fuerza perceptiva del sujeto sino que está condicionado por una actitud determinada. Al respecto hay que concluir que no existe un objeto estético 'en sí' sino solo 'para nosotros'; de esta manera no existe un ser bello en sí sino un ser bello para alguien. Pero no por ello estamos cayendo en una posición de subjetivismo psicologista. Hartmann no afirma la subjetividad de lo bello sino solamente un estado de codependencia respecto al sujeto. La unidad verdadera se da en la interrelación entre el sujeto contemplador y el objeto estético.

MonetLa Estética tradicional ha caído en un error del que se deslinda claramente Nicolai Hartmann. Me refiero a la identificación entre la aprehensión estética y la intelectual -al estilo de Ficino-. El error consiste en sostener que la aprehensión estética que se da bajo la forma de intuición es un tipo de aprehender semejante al cognoscitivo. Si bien, sostiene Hartmann, hay momentos del conocer en la aprehensión estética ya que partimos de objetos del mundo sensible, ésta se desliga totalmente de este otro tipo de aprehensión en los posteriores momentos del acto hasta el punto de que este primer momento quedaría subordinado a los otros; no es lo esencial de la intuición. En el acto estético habría una doble visión entrelazada:

                     - La primera está dirigida por medio de los sentidos a lo que existe realmente.
                     - La segunda está referida a aquello que solo está ahí para nosotros los contempladores.

Esta doble visión queda perfectamente aclarada con la teoría hartmaniana de los estratos del objeto. Siguiendo a Ficino, por ejemplo, el contemplador puede separar en el objeto estético lo 'bello inteligible' purificándose interiormente y elevándose en una visión no mediatizada por los sentidos. El parecer de Hartmann, por el contrario, es que esta influencia sensible es esencial en el acto de aprehensión estético. No le es posible al sujeto que contempla separar la belleza del objeto porque, al fin y al cabo, lo único que sabe de ella es que la siente, tiene como consecuencia de su actitud hacia el objeto una especie de intuición, pero estética, de ninguna manera intelectual, y, por tanto, es indispensable tener como instrumentos para esta captación los sentidos externos.

Hartmann define el objeto bello como un producto de estratos o planos: el primer estrato sería el único real, los demás son un mero aparecer. Los estratos del objeto estético son los mismos estratos ónticos que constituyen el mundo real: cosa-vida-alma-mundo espiritual. El ser bello no depende ni solo del primer plano ni de los estratos del trasfondo, sino de la especial relación entre ambos, es decir, del aparecer como tal. Los estratos inferiores son los portadores y los superiores los portados, entonces, conforme nos elevamos a estratos más altos se siguen conservando los de abajo; por tanto, es fácil deducir de aquí la importancia del primer estrato: la cosa sensible, viendo que es ella la portadora de los demás su uso se hace imprescindible.

Bodegones de CezannePor eso es fundamental que el artista no omita ningún estrato en la obra de arte puesto que si lo hace, ésta se presentará como algo no intuible y su belleza quedará distorsionada. Los estratos superiores están ocultos en el interior y su aparición solo puede darse en la transparencia de los estratos externos.  La razón de ello es clara: las artes se dirigen a los sentidos pero estos están unidos a lo cósico, no proporcionan directamente ni lo anímico ni lo vivo. Deben ser los estratos superiores los estéticamente profundos los encargados de tal tarea.

Un dato más a resaltar es que si bien los estratos inferiores se caracterizan por su multiplicidad y diversidad, los estratos superiores están ciertamente emparentados y casi se puede decir que son idénticos. Hartmann destaca un fenómeno: todo arte menor o mediano diverge ilimitadamente y se acerca a la incomparabilidad; todo arte verdaderamente grande converge y se acerca a la identidad. En este sentido, obras como el Partenón, la Capilla Sixtina, el Requiem de Mozart...etc, vistas por encima tienen poco que ver entre sí pero, si son observadas con mirada penetrante, la convergencia resulta convincente.

En otro orden de cosas, se suele hablar de la impotencia de los valores estéticos frente a los morales en el mundo real. Esto es cierto en el sentido de que en los valores morales se adhiere un 'deber ser'  que exige una realización. Los valores estéticos, en cambio, no se realizan sino que solo se realiza su aparecer en una relación de aparecer. Ahora bien, en su propia esfera no son en absoluto impotentes sino de una omnipotencia muy peculiar ya que aquí no domina otra legalidad que la suya. No hay leyes naturales que se opongan ni ningún otro tipo de obstáculos (cosa que sí ocurre con los valores morales) puesto que en la esfera estética el creador forma según su medida.  Gozan tanto de autonomia como de autarquía por lo que se puede hablar de ellos como valores de la desrealización (esta característica hace referencia a que son valores de un ser muy alejado de la realidad completa y que no tienen pretensión a ella). Aquí es donde descansa, según Hartmann, el poder del arte: en dejar aparecer lo que no es. En este plano es el artista el que tiene la palabra en el sentido de que es el que 've' las ideas (estéticas) y las entrega a la humanidad. El artista intuye, siente el valor de lo bello y con su trabajo hace que dicha intuición sea compartida por el resto.

Pero Hartmann habla de una generalidad intersubjetiva entendida como consentimiento de quienes están capacitados para ello. Solo una educación artística y una actitud adecuada de acercamiento al objeto puede asentir a un juicio de valor. Se advierte cierto elitismo en estas declaraciones pero también son de una lógica aplastante: Hartmann no priva a ninguna persona de gozar del objeto estético pero para valorarlo  en su justa medida no solo basta con contemplarlo sino con poseer una serie de conocimientos sobre arte de los cuales carece la mayoría.

Diana y Actaeon de TizianoEl valor de lo bello queda determinado como algo ateleológico en tanto que en la vida práctica el valor estético es inútil, se presenta como algo más allá de la necesidad: las cosas elevadas son inútiles precisamente porque son elevadas. Pero no hay que confundir inutilidad con superfluidad puesto que como declara Hartmann, el valor estético no puede considerarse como valor de algo real  sin más, como sucede en los valores morales, sino valor de algo que solo consiste en el aparecer, y esto es algo único en el reino de los valores.

Los valores estéticos son fuerzas puras donadoras de sentido, y esta donación de sentido consiste en la convicción de estar frente a algo absolutamente valioso. Lo que logra el valor estético no es un cambio real sino un cambio interno; aquí no se supera nada sino que se obsequia un bien espiritual; la fuerza que se ejerce no es real pero sí apresa el ánimo real.

Como último apunte decir que para Hartmann solo el arte que surge de la vida ligada a la cultura puede llevar a obras que destaquen intemporalmente. Y, esta labor solo la pueden llevar a cabo los grandes artistas, de tal forma que no solo retienen siempre el espíritu objetivo vivo, sino que lo hacen fructificar demostrando ser inagotables.

P.D.: En la sección Balas de Belleza de este blog, he puesto un pequeño vídeo que ilustra perfectamente lo expuesto aquí.

sábado, 12 de marzo de 2011

La conversión - Die Verwandlung-. (Kafka: Parte II)*


Me llamo Gregorio Samsa y soy uno de los personajes más trágicos de la historia de la literatura. También se  me podría considerar el alter ego de Franz Kafka o, más acertadamente, su verdadero ego. El que vosotros os identifiquéis o no conmigo a estas alturas de la película, seamos sinceros, me la sopla bastante. El que da testimonio de su sufrimiento no recibe ningún consuelo por que el prójimo empatice con él...a no ser que hablemos de gente necia, que la hay y en gran cantidad.

Lo cierto es que la mañana en la que fui consciente de haber sufrido la metamorfosis comenzó mi verdadero dolor. Una cucaracha, en eso me había convertido para el resto del mundo y para mí mismo. Un gigantesco y repugnante insecto que conservaba, no obstante, un cerebro totalmente humano capaz de seguir pensando y, por ende, sintiendo.

Como suele pasar con todas las obras de mi verdadero yo, Franz Kafka, ésta también fue malinterpretada por un nutrido grupo de ávidos lectores dispuestos a fantasear un rato con un libro sin penetrar en el alma del mismo. La verdad es que no existe Gregorio Samsa el comerciante de telas, ni siquiera existe Franz Kafka, lo único realmente verdadero es el monstruo, el insecto, la gigantesca cucaracha. ¿O es que nunca os habéis mirado a través de los ojos del prójimo?

Franz Kafka

Lo que hizo Kafka fue quitarme la máscara a mí, a Gregorio Samsa, y mostrar a la humanidad cuál es su verdadero rostro sin ese maquillaje carnavalesco o santurrón con el que gusta intentar consolarse. Pero la humanidad, vosotros, no os dísteis por aludidos y preferísteis creer que el insecto era algo ajeno, una mala pesadilla transformada en buena literatura. ¡Oh! Este judío checo, ¡qué talentosa imaginación! ¡qué pesadilla para cualquiera el convertirse en un ser abyecto indigno de ser querido!...En eso os quedasteis algunos, ¿verdad?

Es curioso. ¿Recordáis cómo me trata mi familia cuando descubre que ya no posee un hijo que les atiende sino un ser desprotegido y grotesco? Mi padre renegó de mí al instante; mi madre, aún sintiendo lástima, no iba a desobedecer a su marido; mi hermana me trató con mimo durante algún tiempo pero solamente hasta que su conciencia se tranquilizó mediante el manido autoengaño del: yo no pude hacer más por él. Y entonces quedé solo y me dejé morir lentamente, sin nada que me confortase. Pero yo, Gregorio Samsa, desaparecí de este mundo sin ningún tipo de rencor, justificando el comportamiento de todos ellos hasta el final porque Kafka, la cucaracha, era incapaz de sentir odio ni rabia hacia el prójimo. ¿Eso quiere decir que yo, Gregorio Samsa, era tan estúpido como para no darme cuenta de que mi padre era un auténtico bastardo, mi madre una perra, y mi hermana una hipócrita que escondía su natural egoísmo en una maraña ininteligible de preceptos religiosos? No. Sencillamente, yo no era mejor que ellos: solamente un malnacido con espíritu de perro que deseaba fervientemente poder encontrar en el prójimo un motivo para creer. Por ello sostenía a mi familia. Por ello cuando vi que mi cuerpo se había transformado en el de un insecto lo primero que me escandalizó fue el pensar que no podría ir a trabajar esa mañana, que no podría llevar un sueldo con el que dar de comer al bastardo, a la perra y a la hipócrita. Por ello, el débil lazo que nos mantenía comunicados se desató y lo que solamente en sueños y en pequeños momentos concretos se me antojaba sentirme amado, se desveló mostrándose como lo que había sido siempre: puro interés comercial.

Franz Kafka

Dejé de ser útil para el mundo, dejé de ser presentable ante el mundo, dejé de ser falsamente amado...y, poco a poco, la quitina que conformaba mi caparazón se hizo más resistente, mis patitas peludas se volvieron más confortables, y comencé a asumir lo que siempre había sido yo para los demás: un ser repulsivo fruto de una equivocación. Hacía muchos días que mi nueva constitución me impedía derramar lágrimas, con lo cual, el dolor iba acumulándose en el interior sin permitir el triste desahogo del llanto. Pero, al final, ya no quedaba tormento por el que penar. No había nada, absolutamente nada, por lo que mereciese la pena seguir  con vida. Y decidí dejarme morir discretamente en un rincón; sin gemidos ni aspavientos, sin hacer ruido; a fin de cuentas, ¿para qué quejarse si sabes que a nadie le importas más que para utilizarte económicamente, sexualmente, o como modo de medrar? Y, sin embargo, yo era la cucaracha y los demás creían que eran los prójimos. Ciertamente tiene su gracia.

Me comentaron que mi familia barrió mis despojos y los tiró al contenedor de la calle vigilando que nadie pudiese ver siquiera mis repugnantes restos; no por respeto, claro, sino para no sentirse de nuevo avergonzados por mi existencia ante los demás.

Y hoy, casi un siglo después de que yo, Gregorio Samsa , el insecto, el monstruo creado por Franz Kafka, viese la luz en su obra La Metamorfosis, no puedo menos que deciros lo siguiente: quien no haya sido consciente de ser él mismo ese abominable insecto es que carece de corazón y de cabeza. 

Pero no os inquietéis, seguid creyendo que sois distintos a mí y que alguien os hace caso por algo distinto a su propio interés. A fin de cuentas, estáis leyendo las elucubraciones de un hombre transformado en insecto que en realidad era un insecto que creyó ser hombre y que no existió más que en la mente de Kafka, ese genio tildado por muchos de loco. ¿O no?  

Seguid a lo vuestro, hombrecillos de paja, y si alguna vez notáis los síntomas de que comienza vuestra metamorfosis...no hagáis caso, seguramente es solo un mal sueño. 



Franz Kafka

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* He traducido el título al castellano como La conversión por ser mucho más fiel al término alemán 'Verwandlung'. El motivo por el que se publicó la obra en España como La Metamorfosis, no deja de ser puramente comercial y atentar contra el espíritu literario de Kafka.

* Podéis encontrar la primera parte de esta colección de artículos sobre este genio de la literatura universal aquí.
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